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El Hollywood de hoy: Viajes mentales de manual y odiseas que te acaban la paciencia

“Las mujeres quieren sentirse escuchadas”, suelta Damien Sachs, un pez gordo de una agencia de publicidad, mientras alecciona a sus redactores en Ladies First. Es una de esas comedias de enredos laborales que intenta sacarle jugo a la eterna guerra de los sexos, esta vez con Sacha Baron Cohen y Rosamund Pike al frente. Pero Alex, la única mujer en la mesa de juntas, no se queda callada y le tira una pedrada con mucha diplomacia: “Las mujeres quieren ser escuchadas”. A la pobre Alex la acababan de ascender el día anterior por pura presión, ya que Guinness (sí, los gigantes de la cerveza) amenazaba con mandar a la agencia por un tubo si no mostraban más “representación femenina”. Y claro, ahora ella tiene la audacia de creer que su voz realmente importa en la sala.

El pleito que se arma entre estos dos arranca en las oficinas fresas de la agencia, sigue por las escaleras eléctricas y termina de golpe en la calle cuando Damien se da un buen trancazo en la cabeza contra un poste. Por si tenían la duda, la cinta es un refrito de la comedia romántica francesa de 2018 I Am Not an Easy Man. El caso es que cuando el tipo recobra el conocimiento, resulta que el mundo se ha volteado patas arriba y ahora está dominado por las mujeres. Los jefes traen falda, Burger King ahora es Burger Queen, pero lo que de verdad le da en la torre a la identidad de Damien es que Alex le bajó su puesto directivo. Para él, es un mundo de locos.

La directora Thea Sharrock y su elenco se la pasan bomba dándole la vuelta a la tortilla. Hay momentos bastante cotorros, sobre todo con Richard E. Grant haciendo de un pobre diablo con el saco manchado de caca de paloma que le ofrece a Damien una salida de su pesadilla, o Fiona Shaw como una CEO que coquetea peligrosamente con comerse una demanda estilo #HeToo. La bronca es que este feminismo de aparador, de guiñitos cómplices y cambio de roles, se desgasta en friega. Casi todo el numerito ocurre en la cabeza de Damien y, curiosamente, la supuesta moraleja gira en torno a su propio crecimiento personal. ¿No les suena a disco rayado? Otra vez el viaje emocional de un vato para darnos una lección a todos. Aunque, si vamos a hablar de directores empeñados en recetarnos viajes larguísimos y pesados, hay quienes se lo toman de forma muchísimo más literal en la taquilla.

Resulta que la próxima película de Christopher Nolan, convenientemente titulada The Odyssey, no solo va de un trayecto épico de regreso a casa en la pantalla, sino que nosotros en la butaca nos vamos a tener que fletar nuestra propia travesía física. Varias plataformas de boletos la regaron y filtraron por un ratito la duración de la cinta antes de borrar todo rastro de evidencia. Por lo que se vio en los deslices de AMC Theatres y los reportes de IGN sobre el formato IMAX, la cosa anda rondando las 2 horas con 52 o 53 minutos. Los cines Hoyts en Australia se fueron un poco más arriba y marcaron 177 minutos, que chance y ya incluye los créditos o los tráilers del principio, lo que explica la pequeña discrepancia en los números.

Sea cual sea el corte final, The Odyssey ya se coronó como la segunda película más larga en la carrera de Nolan, respirándole en la nuca a los 180 minutos exactos de Oppenheimer y dejando atrás las casi tres horas de Interstellar y The Dark Knight Rises. Ya sabemos que Nolan tiene esta maña de mantener sus películas rayando ese límite por puros caprichos del formato de celuloide IMAX; las bobinas físicas simplemente no aguantan más cinta sin que les tengan que meter mano. Ya colaboró con la empresa para expandir los platos de proyección con Oppenheimer y parece que con esta nueva entrega vuelve a raspar esa frontera tecnológica.

Tanto la productora Emma Thomas como el propio Nolan ya habían soltado en entrevistas que la cinta duraría un poquito menos que su último éxito sobre la bomba atómica, pero que de todas formas es un proyecto “épico, tal como lo exige el tema”. Y vaya que le metieron lana: con un presupuesto brutal de unos 250 millones de dólares, es la producción más cara que ha hecho el director hasta la fecha, trayendo un elenco atascado de estrellas que incluye a Matt Damon, Tom Holland, Robert Pattinson, Zendaya, Anne Hathaway y Charlize Theron. A ver si tanta inmersión no nos termina dejando igual de desorientados que un publicista con conmoción cerebral. Porque entre viajes mentales desatados por golpes en la banqueta y epopeyas multimillonarias que te acalambran las piernas, parece que la cartelera de hoy te exige cierto nivel de resistencia física para llevarte el mensaje a casa.